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El videojuego también es política

Politica

Cuando era niño, la política me parecía poco menos que un ente abstracto que inundaba las conversaciones de los adultos. Mis primeros recuerdos en casa de mis abuelos están salpicados por el murmullo del televisor que de forma puntual me despertaba. Eran las siete de la mañana y cuando cruzaba el pasillo que conectaba el dormitorio con el salón ya veía por el rabillo del ojo a mi abuelo sentado en aquel sillón de piel que años después seguiría recordándome a él, absorto a lo que narraba el periodista del telediario.

Mis escarceos con la política en la niñez fueron contados, como corresponde a esa edad. Un día al salir del colegio, entre el bullicio de voces y mochilas tan grandes que sobresalían por encima de las cabezas, una niña de clase caminaba a mi lado mientras repetía el discurso que probablemente había escuchado en casa. Su padre era concejal del ayuntamiento y, quizás por esa condición, había inculcado en la mente de su retoño todo un argumentario político que ni ella comprendía. Me hablaba sobre lo terrible que era Aznar o lo mucho que le apasionaba Zapatero. Teníamos diez años y no entendía ni una sola palabra que salía por su boca. Eran nombres que en mi mente no representaba nada, palabras vacías de significado a las que no conseguía dar forma. Hasta ese momento y durante mucho tiempo después, la política era ajena a a mi entorno, por lo que era lógico que no me interesase. Lee el resto de esta entrada