¡Tercer premio en el concurso MUNDIAL de Final Fantasy!

Llevo mucho tiempo sin escribir en este blog. Eso no significa que haya estado sin hacer nada, de hecho cuando no publico nada por aquí significa que estoy en esos periodos en los que escribo más que nunca pero de forma laboral en otros sitios. Hoy sin embargo quería escribir una entrada más distendida porque la ocasión lo merece.

El pasado mes de agosto Square Enix inició un concurso musical en el que pedía a los fans de Final Fantasy de todo el mundo que versionaran el tema principal de la saga. El premio, además del hecho de que Uematsu escuchara tu obra, era una colección de CDs con las bandas sonoras, una 3DS firmada, entradas para su concierto… en fin, todo tipo de parafernalia. Yo decidí participar sin ninguna pretensión de ganar nada porque era consciente de que hay gente muy muy buena. Todavía me martirizo cuando toco algo y veo en Youtube que un niño de tres años chino lo toca mil veces mejor que yo. El caso es que quería hacer algo de lo que al menos yo me sintiera orgulloso a pesar de contar con pocos medios y con conocimientos de grabación bastante pésimos.

Ya sabemos cómo funcionan estas cosas. El tiempo pasaba y me olvidé prácticamente de todo esto hasta el día de hoy, que curiosamente coincide con mi cumpleaños. De repente recibo un correo de un señor de Square Enix en Londres… ¡felicitándome por haber quedado tercero en el concurso! Cuando he llegado a casa he visto el vídeo y me encuentro con Uematsu hablando de los ganadores y un montaje en el que aparezco yo junto al resto de concursantes premiados. Por encima de todo me ha hecho mucha ilusión saber que un jurado compuesto por miembros de Square Enix entre los que se encontraba Uematsu haya escuchado mi versión.

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#GamerGate: una historia de misoginia, corrupción y actitudes deplorables en el medio

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El sector de los videojuegos en los últimos tiempos atraviesa momentos convulsos que ponen en jaque el papel que cada parte debe llevar a cabo en el mantenimiento de la industria del ocio electrónico. Las continuas declaraciones cruzadas, insultos y reproches de distintas personas del sector han fraccionado lo que hasta ahora se consideraba un romance idílico entre medios de comunicación y desarrolladores, quizás por desconocimiento o por intereses velados. No se habla de otra cosa, está en las redes sociales, en periódicos internacionales, en Youtube… y sin embargo ha sido silenciado por gran parte de la prensa especializada.

Hablo del #GamerGate, un movimiento viral sin precedentes que involucra a toda la comunidad y que cuenta con una repercusión fundamentada en los foros y redes sociales pero que no ha generado ningún tipo de apoyo entre una parte de la industria. Un contrasentido que se explica con facilidad si consideramos que ataca a los mismos cimientos del sector. Desarrolladores, medios especializados e incluso la actitud de los jugadores quedan en entredicho. Se ha hablado de misoginia en una industria de hombres, de una prensa sin criterios ni valores, y, por encima de todo, de una postura más que reprochable por parte de los jugadores. Sin embargo, ¿cómo se origina la revolución del #GamerGate y cómo nos afecta?

Hay quien cree que toda la controversia responde a una acción premeditada y orquestada por quienes quieren señalar siempre a los mismos culpables. Otros abogan por el hecho de que independientemente de su finalidad, lo importante es que consigue plantear interrogantes y reflexiones que hasta ahora nadie se había preocupado de hacer. En cualquier caso, vamos a intentar arrojar algo de luz y establecer una hoja de ruta a raíz de los acontecimientos que han desembocado en la situación actual.

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Se hace referencia a la falacia del arenque rojo cuando un razonamiento que se supone que debe explicar un tema determinado lo que hace es desviar la conversación hacia otros asuntos. Lo hemos visto multitud de veces cuando en discusiones alguien ha utilizado una información irrelevante para distraer nuestra atención hacia otro tema de conversación. El paralelismo proviene de una frase en latín que promulga con el sentimiento que ha generado el #GamerGate y cuyo significado sería el de “eludir la cuestión” (ignoratio elenchi).

En esta gran reyerta que engloba a toda la industria lo que ha predominado ha sido la crítica hacia determinadas actitudes pero para rehuir problemas de fondo que existen en un sector joven y con más de un tropiezo a sus espaldas.

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Jugando a… ‘Plantas vs. Zombies: Garden Warfare’

En ComboGamer hemos estrado una sección llamada “Jugando a…” en la que cada redactor expone su opinión sobre aquellos títulos a los que ha estado jugando con el objetivo de darlos a conocer y recomendarlos o no, así como compartir sensaciones y experiencias con el resto. La papeleta de iniciar Jugando a… me ha tocado a mí, y aunque podría hablar de clásicos atemporales que caminan con ambages entre la línea del mito y el culto (ejem, Final Fantasy VII…), lo más sensato es romper una lanza por un juego que escapa del gafapastismo y de los mecanismos jugables que requieren de mucha sesera. Hablo de Plantas vs. Zombies: Garden Warfare, ese juego de plantitas con mala leche y zombis vegetarianos.

Sería absurdo decir que no tengo prejuicios ante determinadas situaciones de mi vida diaria. Yo los tengo y tú también, en mayor o menor medida. Y probablemente frente a la pantalla nos ocurra lo mismo. De la misma forma que yo sería reticente a jugar a productos como Year Walk si de él no tuviera más que las cuatro capturas que lo presentan, habrá personas a las que las palabras Call of Duty o FIFA les produzca urticaria. Y lo siento por ellos profundamente. Entiendo que la fórmula está quemada, que no compensa comprar la nueva entrega de cada año si el contenido que ofrecen es tan limitado, pero también es cierto que como jugador no siempre busco aventuras trascendentales o ideas que inviten a la reflexión más absoluta. Eso sería, francamente, agotador. Por eso mis primeras sensaciones al ver Garden Warfarefueron extrañas. ¿Dónde estaba el frenético tower defense que conocíamos? ¿Por qué convertir un juego inconfundible en algo menos que una copia de títulos que tanto criticamos? Ahí, amigos, estaba mi primer prejuicio del que solo pude librarme pasando por caja en Origins. Lee el resto de esta entrada

[Opinión] Cambio de paradigma: la semiótica aplicada al videojuego

Durante años pensaba que el desarrollo de videojuegos consistía en una fácil representación de las ideas que afloran en la mente de los diseñadores. Un pequeño ejercicio creativo que cumplía dos funciones: saciar el hambre del artista y ofrecer al mundo una experiencia interesante. Ha tenido que pasar mucho tiempo para comprender que esas dos variables se concentran en una sola que resulta ser la clave de la ecuación: sin experiencias no hay resultado. Puedes meter en ese mismo saco las experiencias del desarrollador, las emociones de los jugadores, el sabor del café que acabas de tomarte, la sensación que supuso el que te echaran del trabajo… todo tiene cabida en ese gran pozo del que, si todo sale bien, saldrá agua o en este caso la sustancia de la vida de todo videojuego.
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Mi homenaje a 25 años de fantasía

Quiero compartir con vosotros mi versión del tema principal de Final Fantasy. Square Enix ha organizado un concurso en el que los fans deben versionar esta mítica canción y no quería ser menos. No tengo intención de ganar (siempre suele apuntarse el típico chino superdotado de 5 años que te deja con la boca abierta xD), pero sí sentirme satisfecho conmigo mismo.

¿Las condiciones? Que se grabara a 120 bpm, con una duración menor a 1:30 min. y que en algún momento del vídeo se muestre un cartel con mi FF favorito. TODO está tocado por mí (incluso la batería asquerosa jajaja). ¡Ojalá os guste el resultado!

[Artículo] Jugabilidad, la búsqueda de la cadencia perfecta

Pongámonos en situación. Estamos en el año 1998 y Playstation, ya al final de su vida útil, recibe con los brazos abiertos la obra clave de Hideo Kojima, Metal Gear Solid.  Hasta entonces nadie dudaba de las posibilidades del videojuego o que fueran capaces de conmovernos con su capacidad narrativa, pero era difícil imaginar que la comunión perfecta entre técnica y arte se acoplarían con tanta facilidad en la blanca de Sony. Lejos de sus virtudes argumentales, el éxito de Metal Gear está en su base jugable y en la inmersión que aún a día de hoy provoca más de un suspiro. La batalla contra Psycho Mantis daría para varios artículos y la forma en la que Kojima engaña al jugador está tan bien resuelta que nos arranca del rol de simples espectadores. La diferencia entre el videojuego y otros géneros audiovisuales como el cine o la publicidad reside en la interacción, en la capacidad de plantear dinámicas que relacionen lo que vemos en pantalla con nuestras decisiones.

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