Final Fantasy VII Remake reaviva el debate sobre Barret como estereotipo racial

El último State of Play asombró a propios y a extraños con un formato en el que Sony anunció nuevos detalles sobre juegos que llegarán próximamente a PlayStation 4. Tras el precedente que teníamos, las expectativas eran bajas y la mera idea de saber de antemano que duraría menos que el anterior tampoco facilitó las cosas. Sin embargo, la noche acabó para muchos entre lágrimas de alegría, sonrisas y la certeza de que habían conseguido convertir la duración, que a priori era una debilidad, en su principal fortaleza. Pasamos del “bah, en tan poco tiempo no van a enseñar nada” al “¿SOLO han sido 10 minutos? ¡Quiero ver más!”. Todo un acierto que supone un canto de cisne considerando que la compañía japonesa no estará presente en el E3 2019.

Con esta última presentación Sony ha sabido medir con asombrosa precisión los tiempos sin dejar nada al libre albedrío. Abrieron con Monster Hunter World: Iceborn, dieron protagonismo a nuevos proyectos como Predator: Hunting Grounds o Away y acabaron con el regreso de Final Fantasy VII Remake tras un prolongado periodo de ausencia. Fue el final de fiesta soñado y protagonista absoluto de una noche que costará olvidar. Con el tráiler del juego han despertado emociones que muchos teníamos dormidas o quizás escondidas ante el miedo de volver a sufrir la espera que hasta ahora nos había acompañado. Sin embargo, la promesa de ver más sobre el título en junio coloca a Square Enix en el centro de todas las miradas.

Los 67 segundos de vídeo nos han permitido ver la evolución que ha experimentado el proyecto desde la PlayStation Experience de 2015. Desde el aspecto de Cloud hasta las animaciones en combate parecen haber sido diseñadas para ser una carta nostálgica al fan, pero también actualizar la visión colectiva que tenemos de un juego con más de 20 años a sus espaldas. En ese cruce de sentimientos se han reabierto viejas heridas que ponen al personaje de Barret y la traducción de Final Fantasy VII en entredicho.

En el trabajo que conlleva adaptar una obra sobreanalizada al detalle y expuesta a todo tipo de opiniones, algunos fans lamentan que lo visto en el último tráiler mantenga la fallida construcción de un personaje tan importante en la trama como Barret. En Kotaku se hacen eco de esta preocupación en torno a cómo el juego original fue víctima de una traducción al inglés apresurada, llevada a cabo por una sola persona en apenas dos semanas, que afectó a la correcta interpretación de su rico universo como también ocurrió en España. En esa pérdida de matices la peor parte se la llevó su elenco de personajes. Expresiones mal interpretadas convirtieron a Barret en un estereotipo racial que hace uso de una jerga que se le atribuye al pueblo afroamericano. En las conversaciones dentro del juego, Barret habla notablemente de manera diferente en comparación con los demás. Su vocabulario es impropio a las circunstancias con tendencia a usar palabras malsonantes hasta el punto de ser por momentos casi una caricatura de M.A, el famoso mecánico y conductor de El Equipo A. Es más, hasta el arma que utiliza Barret también es un estereotipo claro. ¿Por qué dar al hombre negro una pistola para luchar contra el mal cuando todos los demás están usando espadas o magia?

Sin embargo, más allá de aspectos ligados a su diseño, lo que más preocupa a algunos jugadores es cómo afecta su caracterización a la relación que mantiene con el resto de personajes. Sin entrar en detalles por respeto a quien no haya jugado, hay momentos en los que la coherencia interna del guión se resiente en la versión inglesa respecto a la japonesa. Esto se percibe claramente, como apunta el periodista Tim Rogers, en un diálogo clave que transcurre en un momento en el que el héroe atraviesa una profunda crisis de identidad. Mientras que en el original vemos una respuesta por parte de Barret de empatía hacia un amigo que sufre una depresión severa, la traducción da un significado totalmente opuesto que realza el tópico sobre la hipermasculinidad que se le atribuye al personaje. Imagina la escena. Has perdido las ganas de vivir y alguien te da una palmada en la espalda mientras te grita que eso es de débiles y lo que hay que hacer es echarle huevos. Terrible.

Pese a todo, ni esa representación casi paródica consigue que olvidemos todas las virtudes que hacen del líder de Avalancha uno de los personajes más queridos de la franquicia. Aunque a veces el juego se empeñe en representarlo así, Barret es mucho más que una masa de músculos enormes y su subtrama es de las más emotivas que recuerdo. Lo que muchos jugadores demandan tras el tráiler de Final Fantasy VII Remake es que desde la localización y doblaje no haya habido ningún tipo de esfuerzo para corregir nada de esto. No se ha puesto en tela de juicio medidas desproporcionadas como exigir su retirada o censurar el guion, tan solo con suavizar su acento habría sido más que suficiente. Con este remake existe la oportunidad de ensalzar todo lo que elevó al juego a la categoría de obra maestra y de paso pulir los defectos -pocos, para qué negarlo- que estaban presentes cuando lo jugamos en 1997.

El problema que subyace de fondo es si realmente estamos dispuestos a que cambien una sola coma de una historia que asociamos a momentos de nuestra vida normalmente ligados a la infancia o adolescencia. Square Enix no ha tenido reparos en acabar con el sistema de combate por turnos, pero eso no es ni por asomo comparable con lo que supondría rediseñar cualquier aspecto mínimo ligado a su trama. Lo cierto es que Final Fantasy VII ha trascendido en el tiempo con sus virtudes y defectos. Es querido precisamente por ello e incluso hay quien ha llegado a enamorarse de su pobre traducción. Pero. ¿no estamos siendo así en exceso subjetivos? Si todo está permitido no hay espacio para la autocrítica. Al final la pregunta es clara. ¿Vale todo con tal de contentar a los que exigían el regreso de su juego favorito? ¿Dónde situamos el filtro o frontera que nos permita discernir aquello que debería modificarse? Ninguna respuesta parece obvia cuando hablamos de un título del que con solo mostrar un logo ya provoca gritos y llantos generalizados.

Sea de una forma u otra, Final Fantasy VII Remake es por motivos propios el proyecto más ambicioso de Square Enix en esta generación. Tienen en su mano una carta que según el resultado puede suponer una auténtica máquina de hacer dinero o, por el contrario, hundir a la compañía para siempre. La estrategia de segmentarlo en capítulos con la duda de qué ocurrirá cuando PlayStation 5 llegue a las tiendas preocupa a los fans, pero no cabe duda de que estamos viviendo un auténtico fenómeno sociológico que será estudiado en el futuro. La espera está sirviendo para que nos cuestionemos aspectos tan importantes como el tratamiento que recibieron en su día personajes como el de Barret y, acabe traduciéndose en hechos o no, ya habrá valido la pena.

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Publicado el mayo 14, 2019 en Artículos, Videojuegos. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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