Jugando a… ‘Plantas vs. Zombies: Garden Warfare’

En ComboGamer hemos estrado una sección llamada “Jugando a…” en la que cada redactor expone su opinión sobre aquellos títulos a los que ha estado jugando con el objetivo de darlos a conocer y recomendarlos o no, así como compartir sensaciones y experiencias con el resto. La papeleta de iniciar Jugando a… me ha tocado a mí, y aunque podría hablar de clásicos atemporales que caminan con ambages entre la línea del mito y el culto (ejem, Final Fantasy VII…), lo más sensato es romper una lanza por un juego que escapa del gafapastismo y de los mecanismos jugables que requieren de mucha sesera. Hablo de Plantas vs. Zombies: Garden Warfare, ese juego de plantitas con mala leche y zombis vegetarianos.

Sería absurdo decir que no tengo prejuicios ante determinadas situaciones de mi vida diaria. Yo los tengo y tú también, en mayor o menor medida. Y probablemente frente a la pantalla nos ocurra lo mismo. De la misma forma que yo sería reticente a jugar a productos como Year Walk si de él no tuviera más que las cuatro capturas que lo presentan, habrá personas a las que las palabras Call of Duty o FIFA les produzca urticaria. Y lo siento por ellos profundamente. Entiendo que la fórmula está quemada, que no compensa comprar la nueva entrega de cada año si el contenido que ofrecen es tan limitado, pero también es cierto que como jugador no siempre busco aventuras trascendentales o ideas que inviten a la reflexión más absoluta. Eso sería, francamente, agotador. Por eso mis primeras sensaciones al ver Garden Warfarefueron extrañas. ¿Dónde estaba el frenético tower defense que conocíamos? ¿Por qué convertir un juego inconfundible en algo menos que una copia de títulos que tanto criticamos? Ahí, amigos, estaba mi primer prejuicio del que solo pude librarme pasando por caja en Origins.

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Plantas vs. Zombies: Garden Warfare es divertido, desenfadado y tan fresco como los propios vegetales del juego. Observándolo desde fuera despierta simpatía y desde dentro aún más. Si shooters de corte más realista como Call of Duty ponen a prueba nuestra habilidad en el campo de batalla, Garden Warfare crea su propio clíma de juego disfrazando elementos igual de manidos pero bajo una apariencia personal. No hay sangre, no hay soldados supervitaminados, ni siquiera desmesuradas explosiones; pero si te lanzan guisantes o pipas a propulsión estás muerto. El metagame es muy similar al que estamos acostumbrados en el género, con dos bandos y diferentes clases a elegir, cada una con su propio arsenal y habilidades. Cuando llevas un par de partidas solo te queda rendirte y aceptar que sí, que PopCap Games ha conseguido convertir con acierto el Plantas vs. Zombiesoriginal en una suerte de shooter genuino.

Electronic Arts ha dado con la fórmula para hacer que un juego con solo multijugador en línea resulte atractivo y duradero. ¿Recordáis cómo funciona Titanfall y su sistema de cartas para mejorar determinadas características en las partidas? Garden Warfare va en la misma línea, con una tienda en la que invertir el dinero que ganamos en los combates comprando sobres con cromos que permiten personalizar a nuestros personajes o adquirir nuevas armas. Es tal la personalización que jugar en escenarios multitudinarios te asegura no ver a dos plantas o zombis iguales, con girasoles de fuego, zombis hipsters o plantas carnívoras multicolores. Es interesante porque aunque algunos elementos solo influyen en la apariencia -no esperes que por cambiar tus bracitos de planta por macetas asesinas vas a crear una especie de Transformer vegetal-, otros sí que afectan a las estadísticas. Y creedme cuando os digo que un zombi con equipamiento de rugby puede llegar a ser aún más peligroso con según qué mejoras.

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Todo suena absurdo y lo cierto es que cuando estás inmerso en la dinámica del juego te lo parece aún más. Pero en esa extraña entropía todo está extrañamente bien predispuesto y no da la sensación de que el azar determina la victoria o la derrota. Sin ir más lejos, hay habilidades que en manos de un jugador inexperto son ineficaces, pero para otro perfil de usuarios son indispensables. Os pondré un ejemplo personal y es mi torpeza controlando al Cactus, el francotirador en el bando de las plantas, y su habilidad del Ajo dron (si la idea de que existan drones de ajo no os hace querer darle una oportunidad al juego… ¡ya no sé qué hacer!). Desplegando al dron puedes volar por todo el escenario y disparar pequeñas agujas que aunque quitan poca salud, te ayuda a visualizar el escenario e incluso acabar con algún incauto que no esté muy atento al cielo. Sin embargo, un par de golpes y el ajo quedará destruido, desperdiciando así unos segundos que podrían ser cruciales para tu equipo.

Y si hablamos precisamente de sentimiento de grupo, lo cierto es que Garden Warfare cumple de sobra con esa premisa. Nada más entrar en una partida escucharemos a casi una decena de personas hablando por el chat de voz de forma ininteligible como si tuvieran una patata en la boca. No se les entiende, hablan otros idiomas, pero ayudan a dar la sensación de estar más en una verbena que en la guerra. Supongo que habrá alguien que utilice dicho chat para plantear estrategias, aunque no os voy a engañar, aún no me lo he encontrado. Entre voces chirriantes de niños, sonidos de animales e interferencias varias, los equipos están planteados de forma que quieras matar al tuyo propio para que se callen. Es cierto que existe la opción de silenciarlos, pero es una pena que haya que entrar en el menú durante cada partida y no se pueda poner automáticamente. Qué le vamos a hacer.

Garden Warfare estaría en un plano parecido a Team Fortress 2 por lo adictiva que resulta su propuesta. Sí, ya sé que los jugadores de TF me estarán tirando piedras, pero intentaré explicar las razones por las que hago tamaña afirmación. Lo principal es la variedad de sus modos de juego, que cubren desde el clásico combate por equipos o capturar las bases hasta otros más cachondos como Bomba Gnomo, en el que cada equipo tiene tres puntos a defender y los jugadores deben hacerse con un gnomo bomba que aparece aleatorio por el escenario para llevarlo a una de las bases enemigas y que explote. Todos las modalidades están pensadas para incentivar las estrategias y si vais sin ningún miramiento a por vuestro objetivo preparaos para una horda de jugadores que no dudarán en acribillaros a tiros.

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El segundo elemento que te hace sonreír al pensar en Garden Warfare es la riqueza de los escenarios. Odio profundamente que en shooters haya que ir por entornos cerrados que aprovechan las esquinas de los pasillos para tender emboscadas. Eso está bien pero cansa. En Plantas vs. Zombies todo despierta una sensación tan agradable como mortífera si no te haces con el ambiente que te rodea. Barcos pirata, parques, mansiones… Da igual dónde se dispute la partida, porque todos los mapas son lo suficientemente amplios como para poder desarrollar tu propio estilo de juego. Mientras que los lanzaguisantes y zombis soldado pueden acampar en los tejados de las casas esperando al enemigo, otros pueden aprovechar los recovecos del escenario para acabar con los oponentes por sorpresa.

Llegados a este punto da igual ser planta o zombi. O mejor dicho, importa todo. Ambos poseen clases diferenciadas entre las que seguro se encuentra la tuya predilecta. Y si nos cansamos del multijugador por bandos, lo mejor es unir fuerzas en el apartado Operaciones de Jardín, una suerte de modo Horda como el de Gears of War pero pasado por el filtro personal del juego. Aquí todos los jugadores unen fuerzas como plantas para hacer frente a múltiples oleadas de zombis controlados por la IA que intentan comerse nuestro jardín. Si esto os parece poco, preparaos para las rondas especiales en las que habrá que acabar con Yetis, zombis macarras o la incorporación de la última actualización gratuita: el vampiro-zombi Barón von Murciélago. Yo ya me las he visto y deseado para vencerle hasta llegar a la conclusión de que las muertes saben mejor cuando lo hacen personajes con tal diseño.

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Plantas vs. Zombies: Garden Warfare es entrañable y fascinante porque no te intenta convencer de algo que ni es ni pretende ser. No soy objetivo cuando digo que una de sus grandes bazas y que me obliga a hablar de él es lo encantador que resulta todo. Me ocurre como si un amante de los gatos se encontrara en la calle varios de estos felinos. Sin quererlo siente el deber de recogerlos y darles un hogar. En mi caso no encontré Garden Warfare en la calle, sino en Origin y no lo pude dejar escapar. Tanto las plantas como los zombis del juego son monos -sí, hablo como una niña que defiende a los ponis- y una vez superada esa primera fase de seducción sabe darte amor con sus mecánicas jugables. Desde la semana pasada el juego está disponible en PS3 y PS4, sumándose así a otras plataformas como Xbox One, 360 y PC. Ahora sí que no hay excusa para que no te coman el cerebro y dejar que estas agradables plantas siembren en ti la semillita del buen gusto.

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Publicado el agosto 30, 2014 en Artículos, Videojuegos y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. 4 comentarios.

  1. Gerald Dürden

    Me parece que lo vi en la tienda Android hace un tiempo. Cuando lo miré por primera vez pensé algo parecido, pero después de ver el análisis, es un juego idóneo para jugar sobre todo en tabletas.

    Saludos.

  2. Mira, porque no soy de “jugar por jugar” (podría decirse que sin una historia no termino de sentirme a gusto) pero es que me lo has vendido prácticamente. Quién sabe, quizás si lo veo por Origin en una rebaja loca acabe dándole un tiento…

  3. @Gerald: El que está en Android/iOS es el Plantas vs. Zombies “original” y su secuela directa. Es decir, dos tower defense muy originales que mantienen la estética de este Garden Warfare pero sin pasarse al género shooter. Muy recomendables.

    @suditeh: Si he conseguido casi venderte el juego significa que mi entrada ha servido de algo xD Hace poco hicieron en Origin la promoción de jugarlo gratis durante 72 horas y supongo que lo volverán a repetir igual que ya han hecho con el Titanfall. A mí el juego me salió por 19 euros en una tienda online de keys y oye, por ese precio está de lujo (más barato ni te cuento xD).

  4. ¿20 euros? Dios, no recuerdo la última vez que pagué tanto por un juego, cómo se nota lo malacostumbrado que me tiene Steam xDDDD

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