‘South Park: La Vara de la Verdad’, la bendita espada de Damocles de la industria

¡Ay, las obras de casa! Un martillo, una pala, el traqueteo del taladro agujereando paredes… Es indiferente de qué forma nuestro amabilísimo vecino haya perturbado nuestra paz de espíritu, pues cualquiera de estas herramientas supone un auténtico instrumento de tortura bajo la cual se cimentará su nueva morada. El resultado será la lógica consecuencia de invertir cantidades ingentes de dinero y esfuerzo, a lo que es necesario añadir, sobre todo, unas ganas locas de importunar a propios y extraños. Al fin y al cabo, esos insomnes vecinos serán sus primeros invitados y los que juzgarán si tanto enojo estaba justificado.

Las obras duelen. No se trata de un dolor banal como podría ser el tomar un alimento en mal estado, sino una venganza que el universo se toma contra ti por algo que hiciste en otra vida. Estoy convencido de que desde que el hombre es hombre ha existido un semejante pertrechado con el objeto más ruidoso, dispuesto a acabar con nuestra paciencia. No estaba allí, pero no me sería muy difícil imaginar a un joven Tales de Mileto hastiado porque quería montar una reforma en casa.

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No es molestar por molestar, es molestar por un determinado fin y eso me recuerda irremediablemente al descaro e ingenio con el que Trey Parker y Matt Stone, creadores de South Park, sacudieron la cultura estadounidense hace ya casi dos décadas. Satirizar temas tan arraigados en la sociedad y romper la cuarta pared tan obscenamente ha hecho que se gane críticas divididas, aunque siempre fiel al arte de importunar. Y hablo de arte porque cuando nadie tomaba en serio las series de animación -parecían estar relegadas a un público infantil-, South Park dio una patada en los genitales a la industria y cuyo estruendoso quejido aún resuena en nuestros días. Quiero pensar que todos esos berridos que acompañan la emisión de cada nueva temporada de la serie no son más que el sonido de mentes abriéndose.

Esta semana, con el lanzamiento en consolas y ordenador de La Vara de la Verdad, he vuelto a escuchar ese sonsonete del que hablaba, ese “clac” que presagia un aluvión de opiniones. Obsidian ha concebido junto al equipo de South Park un juego de rol que desafía los propios cimientos del videojuego actual. Esa osadía ya la hemos visto en otros trabajos como Conker’s Bad Fur Day o Postal, pero la impronta personal de la popular serie de animación marca la diferencia. Han hecho falta años para que un juego que se burla del propio sector y estigmatiza continuamente referencias culturales compita con los triple A del momento.

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Impagable desde el primer minuto en el que te preguntan tu nombre para independientemente de tu decisión llamarte Gilipollas, o el momento de elegir clase y Cartman vertiendo comentarios denigrantes sobre tu elección. Esos pequeños guiños que rompen con las leyes no escritas del videojuego se agradecen en una industria que recompensa los productos que abusan de las estructuras convencionales. Es un doble éxito por su arriesgada apuesta, pero sobre todo por saber trasladar coherentemente el universo de la serie a un hábitat tan distinto como es el videojuego. Los gags funcionan y el ritmo no desciende en ningún momento, todo ello sin prescindir de la necesaria interacción del jugador.

Titulaba este texto con una referencia a aquella espada que, pendiendo de una frágil crin de caballo, pendía sobre la cabeza de Damocles sentado en el trono. No hay mejor forma de reflejar la posición que ostenta South Park: La Vara de la Verdad en la industria que con esta expresión que manifiesta la presencia de un peligro inminente y la inseguridad de aquellos que manejan un gran poder. La Vara de la Verdad resulta incómodo y ácido, pero ha conseguido conciliar a crítica y público de forma unánime. No hablo de notas, no hablo de maletines a cambio de sobresalientes, ni siquiera hablo de un fenómeno movido por el hype; sino del impacto y calado que ha causado tras su desesperanzador retraso que no hacía presagiar nada bueno.

Todo esto se puede resumir en una sola imagen que compara la nota que ha recibido el juego en los medios especializados y la opinión de los jugadores en Metacritic. Sorprendentemente (o no, ya que debería ser lo normal) las cifras coinciden:

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Eso sí, resulta curioso el doble rasero con el que se ha tratado la censura del juego. No importan las cacas parlantes ni el trato a los judíos, pero eso sí, las sondas anales parecen no estar muy bien vistas en la sociedad. Es difícil encontrar otra explicación al hecho de que se hayan censurado estas escenas en la versión de consolas, sobre todo si atendemos a que el juego cuenta con la etiqueta de PEGI +18 y se advierte de su contenido.

No es la primera vez que ocurre y no hay que llevarse las manos a la cabeza (es curioso que no hayan pasado la tijera en partes en las que sale el mismísimo Jesucristo repartiendo estopa), pero la forma de resolver esta medida es cuanto menos acorde a lo que el juego predica. Sustituir las escenas por una imagen del David de Miguel Ángel haciendo un facepalm con la bandera de la Unión Europea de fondo no tiene precio.

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Trey Parker y Matt Stone son unos magos del espectáculo. No sé qué clase de pacto con Satán o prácticas de vudú habrán hecho para convencer a una veterana como Obsidian para que oriente su talento en una obra desenfadada pero con las consignas habituales de la épica rolera. Pocas veces se ha visto una adaptación de la televisión al videojuego con tanto mimo y fidelidad por la serie a la que rinde pleitesía. Se trata de una simbiosis divina y, francamente, irrepetible.

Comenzaba el artículo hablando de las obras domésticas, de esos vecinos que nos atormentan cada vez que hacen reformas; y lo cierto es que South Park: La Vara de la Verdad es como ese vecino. Molesta a la industria con sus histriónicos cambios en la estructura, pero es necesario hacer este tipo de obras cada cierto tiempo para recordarnos que los pilares que sostienen este sector necesitan algo más que una capa de yeso que tape imperfectos.

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Publicado el marzo 11, 2014 en Artículos, Videojuegos y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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